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«Sospechamos que el mal se transmite a través de hamburguesas y salchichas» «Es posible que estemos en la primera parte de una epidemia que dure años y pueda llegar a afectar a 100.000 personas sólo en el Reino Unido» IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal LONDRES.- El profesor Peter Smith no es amigo de cumplidos ni lisonjas. Pero lo cierto es que este epidemiólogo británico está considerado una auténtica eminencia. No en vano, es uno de los mayores expertos mundiales en vacas locas y, como tal, está al frente del Comité Asesor de Encefalopatías Espongiformes, un organismo integrado por los más relevantes investigadores en este campo y creado para orientar al Gobierno británico sobre cómo afrontar la epidemia. Unos 13 años lleva este hombre enjuto y de pelo cano intentando desentrañar los secretos del mal de las vacas locas y de su variante humana. Y, por si fuera poco, el profesor Smith dirige también el departamento de Epidemiología de Enfermedades Transmisibles y Tropicales de la London School de Higiene y Medicina Tropical. Un dato: hace ya 10 largos años que este respetadísimo especialista en Encefalopatías Espongiformes no prueba la carne.... - Después de todas la medidas adoptadas para evitar la propagación del mal de las «vacas locas», ¿cree que el Reino Unido puede proclamar que es imposible que una persona contraiga aquí la enfermedad? - Hay que distinguir entre los casos que se producen ahora, y que casi con toda seguridad se deben a una exposición anterior al agente causante de la enfermedad, y las infecciones que se puedan producir ahora mismo y que resultarán en enfermedad dentro de varios años. No podemos estar seguros de que ahora no haya riesgo de que se produzcan nuevos contagios. Las medidas que se pusieron en marcha para controlar la Encefalopatías Espongiforme Bovina (EEB) entre el ganado fueron particularmente severas a partir de 1996, cuando aparecieron los primeros casos de personas con la enfermedad. Pero hay una pequeña cantidad de transmisiones que creemos que se producen a través de la vaca al ternero, de la madre al hijo. Así que, a pesar de los controles sobre el ganado, debe de haber una pequeña cantidad de animales infectados que aún hoy entran en la cadena alimenticia humana. Pero el nivel de riesgo de contraer el mal de Creutzfeltdt-Jakcob a través de productos cárnicos británicos es en estos momentos muy bajo y, particularmente, si el ternero tiene menos de 30 meses. No podemos decir que el riesgo sea cero, pero pensamos que es muy bajo. - ¿Se puede transmitir la enfermedad a través de las transfusiones? - Existe el riesgo teórico de adquirir la enfermedad a través de transfusiones sanguíneas, pero hace años ya pusimos en marcha medidas para evitar eso. No podemos decir que hayamos eliminado el riesgo de contraer la enfermedad mediante transfusiones sanguíneas, pero, sin duda, lo hemos reducido sustancialmente. No conocemos ningún caso en el que la enfermedad se haya transmitido a través de la sangre. - Ahora mismo, los test para detectar si una vaca está infectada sólo se realizan a las reses de más de 30 meses. ¿Es que los terneros de menos de esa edad no pueden desarrollar la enfermedad? - No lo podemos garantizar. Desde 1996, en el Reino Unido estamos controlando que a las reses no se les alimente con restos animales con lo que, en teoría, ningún ternero nacido después de esa fecha debería estar infectado. Excepto aquellos a los que sus madres les han transmitido la enfermedad, y que pensamos que son un pequeño número. Y esos animales, sin duda, podrían haber entrado en la cadena de alimentación humana. Pero, según el modelo matemático que hemos hecho de la epidemia, nuestros cálculos sugieren que, cada año, en la cadena de alimentación humana entraría menos de un animal infectado. El año pasado, según esos cálculos, entró medio. Y, como las medidas de control obligan a que el cerebro y la médula espinal, las partes más peligrosas a la hora de contagiar a una persona la enfermedad, sean retiradas, el riesgo se reduce al consumo del tejido cercano a la espina dorsal de sólo un animal, por lo que es realmente pequeño. - Le preguntaba si una ternera de menos de 30 meses puede estar infectada porque, ahora mismo, los test que la Unión Europea obliga a realizar para averiguar si un animal padece o no la enfermedad se limitan a las reses con más de 30 meses. - Son muy raros los casos de EEB en reses de menos de 30 meses. Por ejemplo, en todo el Reino Unido se han registrado 180.000 casos de vacas locas, y sólo un centenar en terneros de menos de 30 meses. Pero, aunque es una proporción pequeña, ahí está. - ¿Cree usted que debería rebajarse la edad para hacerle test a las reses de 24 meses? - La UE, efectivamente, obliga a hacer los test ahora mismo a las reses de más de 30 meses, pero en algunos controles, los alemanes han analizado a animales de menos de esa edad y han encontrado dos infectados. Es un hallazgo tan interesante como inesperado. Creo que es importante resaltar que el test detecta sólo a los animales que se encuentran en el periodo final de incubación de la enfermedad, pero no a todos los animales infectados. Es decir: si el resultado de un test es negativo, no quiere decir que ese animal no esté infectado, sino sólo que no se encuentra en la fase final de incubación de la enfermedad. - ¿Es posible contraer la enfermedad comiendo un filete de vaca sin hueso? - No podemos decir que no. Lo único que por ahora podemos decir es que no tenemos evidencias de que la carne musculosa o la sangre de las vacas contenga el agente infeccioso. - ¿Puede ser peligrosa la leche procedente de una vaca infectada? - Una vez más le he de responder que no podemos afirmar rotundamente que no exista riesgo, pero la mayoría de los estudios realizados indican que no hay peligro. - ¿Es suficiente con prohibir que a las vacas se les alimente con restos animales o ha de extenderse esta prohibición a todo el ganado? - La primera medida que nosotros pusimos en marcha fue en 1989, y prohibía alimentar a las ovejas y a las vacas con proteínas animales. Pero la prohibición no incluía a las aves y a los cerdos. Lo que descubrimos que ocurría entonces es que los ganaderos utilizaban los mismos recipientes para preparar los alimentos de unos animales y de otros, y como esos utensilios no se limpiaban, las proteínas animales acababan finalmente llegando a las ovejas y a las vacas. Creo que es muy importante esta prohibición total, porque también en Francia han tenido casos de vacas contaminadas con comida que, originalmente, iba destinada a los cerdos. - ¿Cuál es el origen de esta enfermedad? - Tampoco lo sabemos. Hay dos grandes teorías al respecto, y ambas son perfectamente posibles. Una de ellas apunta a que el agente que produce el scrapie, un tipo de Encefalopatía Espongiforme que padecen las ovejas desde hace más de 200 años y que aparentemente nunca había tenido ningún efecto en los seres humanos, sufriera una mutación y se «adaptara» a las vacas. La otra teoría se sustenta en que normalmente, las enfermedades no saltan de una especie a otra, así que lo que pudo ocurrir es que el mal se originara en las vacas mediante una mutación espontánea y, con que eso ocurriera en un sola vaca que luego se empleara en la alimentación de otras vacas, el mal se extendería. Eso es precisamente lo que creemos que pasó con una epidemia llamada kuru que se originó hace años en Papua Nueva Guinea, en una comunidad que practicaba el canibalismo. Pensamos que lo que ocurrió entonces es que alguien desarrolló espontáneamente esta nueva enfermedad y, al servir de alimento a los restantes integrantes de la tribu, según era tradición, el kuru se convirtió en una epidemia masiva. - ¿Cuánta carne infectada ha de comer una persona para contraer la enfermedad? - No tenemos ni idea. Pero confiamos en que sea necesario comer una gran cantidad de tejido para resultar contagiado. Lo que sí sabemos es que un gramo de tejido cerebral, el más infeccioso, es suficiente para contagiar a una vaca. Y lo mismo en las ovejas. Pero si, como suele ocurrir, al saltar la enfermedad de una especie a otra se producen variaciones, debemos confiar en que la dosis necesaria para infectar a una persona sea sustancialmente mayor. Pero, honestamente, no lo sabemos. -¿No saben si las personas que han muerto a consecuencia de este mal eran grandes comedores de carne o si, por el contrario, se movían en los niveles normales de consumo de ternera? - Una vez más, no, no lo sabemos. Cuando a esas personas se les diagnosticó la enfermedad, estaban realmente muy enfermas para poder decirnos lo que comían o lo que no comían. Lo que hicimos fue preguntar a sus familiares por sus hábitos alimenticios... de hace 10 o 15 años, y es muy difícil saber lo que comía una persona hace todo ese tiempo y por boca de terceros. Además, no sabemos si la enfermedad se concentra o no en algunos productos determinados, aunque sospechamos que probablemente el agente se pueda encontrar en alimentos de mala calidad tipo hamburguesas, salchichas... Asumimos que, dado que muchos animales enfermos entraron en la cadena alimentaria, fue así como el mal alcanzó a las personas. Pero, realmente, no hemos podido probarlo. - ¿Tienen ustedes alguna estimación de cuántas personas podrían morir de este mal en los próximos 10, 20 años tanto en Gran Bretaña como en el conjunto de la UE? - Cuando salieron a la luz los primeros casos de humanos contagiados, nos temíamos que pudieran ser millones las personas afectadas, dado que han sido muchísimas las vacas infectadas que han servido de alimentación a la gente. A día de hoy, en el Reino Unido han fallecido 80 personas de este mal, y el año pasado fue en el que más muertes se registraron. El problema es que no sabemos qué dosis de carne es necesaria para que una persona resulte infectada y no sabemos tampoco cuál es el periodo de incubación de la enfermedad. Si el periodo de incubación es, como media, de 10 años, significaría que buena parte de los casos ya han salido a la luz. Pero si el periodo de incubación es de 20, 30 ó 40 años, entonces sólo hemos visto la primera parte de la epidemia. Quizás sólo produzcan un centenar de casos y se acabe, pero también es posible que estemos ante una epidemia que se prolongue durante años y afecte, sólo en el Reino Unido, a 100.000 personas. No lo sabemos. - Profesor Smith, ¿usted come carne de ternera? - No. Dejé de comerla en 1990, en parte a causa de la Encefalopatía Espongiforme y, en parte, con la idea de llevar una vida más sana. Pero el haber dejado de comer carne en 1990 no significa que no esté infectado: la mayoría de los contagios se produjeron antes de esa fecha. |
Noticia publicada
el Viernes, 2 de febrero de 2001 AÑO XIII. NUMERO 4.083.
en el Diario